Un juego de vicio
A pesar de las legislaciones, centenares de movimientos sociales, y condenas religiosas, sociales y morales, el juego no ha dejado de crecer. Hay una cierta fascinación por el arte del juego y los incontables intentos fallidos por poner freno y estar dispuestos a vencer las probabilidades del juego. Todo ello parece ser algo innato en el juego, enraizado en cualquier ser de la creación. Es tentador considerar cómo desde la prehistoria humana hasta nuestros días, el ser humano ha desafiado constantemente a la naturaleza y cuya última apuesta, la supervivencia, era algo innegociable. Con la certidumbre o no de estos hechos se puede especular, sin embargo, el hecho es que el vicio juego surgió a una edad muy temprana y que éste contribuyó sobrevivió y prosperó a pesar de las condenas sociales y las restricciones religiosas (incluso con probabilidades de pago muy desfavorables).
Los dados se lanzaron mucho antes de que se instituyeran como juego, y miles de años más tarde, muchos no consiguen separar mentalmente el destino de los juegos de azar . Tal y como los antiguos creían que el éxito o el fracaso en vida dependía de los caprichos de los dioses, el típico jugador de hoy en día cree que las victorias o las derrotas vienen determinadas por una gran gama de fuerzas sobrenaturales. Probablemente ésta fue la causa que motivó que Ashley Revel en 2004 decidiera vender todas sus posesiones (vestuario incluido) y llevar al Hotel Plaza de Las Vegas la friolera de 135.300 dólares y jugárselos al “rojo” en la ruleta a doble o nada. La bola cayó en “rojo 7” y Revel se marchó con 270.600 dólares netos.
El vicio juego ha evolucionado desde los primeros dados sirios y sumerios que estaban hechos con huesos de talón de oveja, ciervo u otro animal de tamaño similar a los notables y bien pulidos cristales de roca babilonios y egipcios, hasta precisos aparatos generadores de números aleatorios y sofisticadas teorías de probabilidades surgidas en la década de los setenta. Es por esto que muchos de los más prestigiosos científicos y mentes filosóficas en aquellos tiempos se metieron de lleno en discusiones prácticas y problemas teóricos que suscitaban los momentos del juego. El juego cada vez se ha ido convirtiendo en algo más complejo y sofisticado: nuevos juegos, máquinas modernas y grandes salones de juego que han evolucionado desde un tiempo pasado realmente duro hasta convertirse en un fenómeno de masas. No obstante, los juegos pueden llegar a ser muy complicados y más si se dirigen a un mente humano de instintos primarios. La historia de Ashley Revel sirve como paradigma de la fascinación del juego y la enorme popularidad que ha adquirido.
El juego parece ser un fenómeno universal, es algo transcultural. Por ejemplo, en Japón mucha gente está enganchada al “pachinko”, un juego de “pinball” (flipper), y gastan billones cada año en este juego. Los brasileños gastan cuatro billones de dólares al año en apuestas, la mayoría en boletos de lotería. De acuerdo con un estudio reciente, durante un periodo anual, más del ochenta por ciento de la población australiana jugaron al menos una vez y el 40% lo hacía cada semana. Los adultos en este país de media gastan anualmente más de 400 dólares americanos en el juego, casi dos veces más los europeos o americanos, siendo los australianos uno de los pueblos más apostantes del mundo. En los Estados Unidos desde 1964 hasta 1999, lo recaudado de la lotería ascendía a 125 billones de dólares del presupuesto estatal. La industrial del vicio del juego ha experimentado un increíble crecimiento y buena prueba de ello es que en Australia es la principal empleadora del país con unos 100.000 trabajadores repartidos en 7.000 negocios.
El juego es un gran negocio, y no importa el futuro que le espera en materia de legislación y movimientos sociales ya que todo esto formará parte de un pasado común. Y es que al final del día, ¿quién no ha soñado con llevarse un buen pellizco?